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LA EXPEDICIÓN DE ALEJANDRO MAGNO AL OASIS DE SIWA

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Escrito por Alfonso Salgado Castro   
lunes, 04 de abril de 2011
griegos.jpgSituado en el desierto líbico el oasis de Siwa no era fácil de alcanzar para un viajero. Tampoco parecía un fruto apetecible para un conquistador de la tierra de Egipto; su elevada producción datilera, aunque suculenta, no tenía la suficiente entidad para que un hombre dispuesto a conquistar el inmenso imperio persa se dirigiera hasta allí. Alejandro Magno, conquistador por excelencia, podría haber satisfecho su glotonería, si de eso se trataba, ordenando que le trajeran los productos de las palmeras datileras de Siwa.

 
1.- El itinerario: llegada de Alejandro Magno a Egipto. Camino de Siwa
2.- En el oasis de Siwa. El templo de Amón
3.- Ante el oráculo de Zeus-Amón
4.- ¿Por qué Siwa?
5.- Colofón 
 


Situado en el desierto líbico el oasis de Siwa no era fácil de alcanzar para un viajero. Tampoco parecía un fruto apetecible para un conquistador de la tierra de Egipto; su elevada producción datilera, aunque suculenta, no tenía la suficiente entidad para que un hombre dispuesto a conquistar el inmenso imperio persa se dirigiera hasta allí. Alejandro Magno, conquistador por excelencia, podría haber satisfecho su glotonería, si de eso se trataba, ordenando que le trajeran los productos de las palmeras datileras de Siwa.
 
Sin embargo, el monarca macedonio, que ya por aquel entonces había conseguido las primeras victorias sobre el rey persa Darío III Codomano, que pronto iba a convertirse en el último soberano de la dinastía aqueménida, se trasladó, con un reducido grupo de sus hombres, hasta ese vergel que era Siwa.
Alejandro fue a consultar al oráculo de Amón en el oasis de Siwa. He aquí la respuesta aparente y evidente a esta travesía; el macedonio habría acudido a un templo del dios egipcio Amón en Siwa con motivo de una consulta al oráculo del santuario.  
Tal vez sea esta la afirmación aparente, pero no resulta tan evidente si se consideran algunos aspectos de esta iniciativa de un joven Alejandro Magno.
 
Amón es sin duda uno de los más célebres y eminentes dioses de la religión egipcia. Aunque sus orígenes se remontan a un oscuro y arcano pasado, será con la XVIII Dinastía egipcia cuando ascienda a la categoría de dios dinástico, oficial y primordial, prosperando hasta colocarse en la posición de dios creador del cosmos y el primero entre todas las divinidades. Esta excelencia en el mundo de las deidades tendría su repercusión en el más material que rodea la vida diaria de los hombres, de tal manera que el poder, económico y político, del clero de Amón, alcanzó cotas no superadas por el sacerdocio de ninguna otra divinidad egipcia.
 
Lejos de parecer este argumento la prueba del viaje de Alejandro, resulta lo contrario. La extensión de los dominios de Amón, incluso en una época en la que el esplendor del Antiguo Egipto parecía menguar, le hubiera permitido a Alejandro acudir a muchas otras localidades donde existían templos de Amón. Incluso si el macedonio quería vincularse a Amón como hacían los faraones egipcios, podría haber realizado un viaje mucho más sencillo curso arriba del Nilo, hasta el principal de los templos de este dios en Karnak, sede principal del poder sacerdotal amoniano. Pero Alejandro no acudió a ese monumental complejo templario, algo que hubiera parecido lo adecuado si su intención era ser reconocido como el nuevo faraón de Egipto. Aún si no deseaba realizar esa travesía a través del Nilo –la vía más rápida de transporte, por otro lado- podría haberse hecho reconocer en cualquier otro santuario de Amón en la misma ciudad de Menfis, hasta donde había llegado tras penetrar en Egipto como el nuevo señor de aquella tierra.
 
Añadamos a esto que, de las fuentes antiguas, como veremos, se extrae la información de que Alejandro acude al oráculo de Amón, es decir, no busca sencillamente un templo consagrado a Amón, sino que pretende consultar el oráculo. Aunque podemos entender el oráculo de formas diferentes, como sucintamente se tratará más adelante, un elemento común a todos esos perfiles oraculares es la obtención de una respuesta del dios.
 
Por lo tanto, Alejandro Magno, que ya dominaba Egipto en ese momento, y que seguramente ya había sido reconocido como faraón cuando decide emprender esta expedición a Siwa, buscaba una respuesta, las palabras del dios a un íntimo anhelo del macedonio.
 
Aún así, esta necesidad de consultar al oráculo de Amón tampoco aclara el porqué de acudir al de Siwa y no a cualquier otro.
 
En resumen, el viaje de Alejandro Magno hasta el oráculo del oasis de Siwa reviste una singularidad que no tiene una solución simple. La indagación sobre las motivaciones del macedonio constituye, precisamente, el objeto de ese artículo.


1.- EL ITINERARIO: LLEGADA DE ALEJANDRO MAGNO A EGIPTO. CAMINO DE SIWA   
Tras la derrota de Darío III en Isos, el victorioso Alejandro decide consolidar su retaguardia antes de lanzarse hacia el interior de las inmensas extensiones del imperio aqueménida. Costeando el Mediterráneo a lo largo de la franja sirio-palestina, y tras vencer la tenaz resistencia de la ciudad de Tiro, vencerá también en la de Gaza, que constituye la última localidad de importancia antes de alcanzar las tierras egipcias.
 
Las tropas griegas avanzan por tierra y mar concentrándose ambas fuerzas en la localidad de Pelusio, ya en Egipto. En este lugar le saldría al encuentro Mazakes, sátrapa persa del ancestral dominio de los faraones, quien rendiría el país a Alejandro, sin presentar resistencia armada alguna, según parece. El motivo de esta rápida capitulación no era otro que la carencia de tropas suficientes para la defensa del territorio, ya que el sátrapa había enviado sus hombres a engrosar las fuerzas de Darío para la batalla de Isos.
 
A continuación, el ejército griego al mando de Alejandro se dirigió tanto por tierra como a través de los canales navegables del Nilo hasta Heliópolis y Menfis, esta última capital de Egipto y la ciudad de más importancia en la zona del Delta.
“Alejandro….marchando desde Gaza, al séptimo día alcanzó Pelusio, en Egipto. Su flota costeó la costa desde Fenicia hasta Egipto; y encontró los barcos que ya habían echado amarras en Pelusio. Cuando Mazakes, el persa, que había sido nombrado sátrapa de Egipto por Darío, tuvo noticia del resultado de la batalla de Isos, que Darío había emprendido una vergonzosa huida, y que Fenicia, Siria y la mayor parte de Arabia, se encontraban ya en poder de Alejandro, y que no contaba con fuerza persa alguna para ofrecer resistencia, franqueó amigablemente el paso a Alejandro a las ciudades y al país. Alejandro dejó una guarnición en Pelusio y ordenando a los hombres encaminarse en barcas río arriba hasta Menfis, él en persona se dirigió a Heliópolis….y fue tomando posesión de todas las ciudades, que se rendían voluntariamente…y llegó a Menfis donde ofreció un sacrificio a Apis y a otros dioses, y celebró un festival de gimnasia y musical…” (Arriano, III, 1). 
Parece que los egipcios facilitaron la penetración griega ya que deseaban desembarazarse de los persas, que los habrían tratado con especial crueldad, según Diodoro de Sicilia:

“Después, al frente de su ejército, entró en Egipto y se apoderó, sin combatir, de todas las ciudades del país; porque los egipcios, descontentos con los persas, que habían profanado sus templos y que gobernaban con dureza, acogieron con alegría a los macedonios” (Diodoro, XVII, 49). 
No obstante, no parece que fuera totalmente cierto que la población egipcia estuviese más oprimida con los persas que con la dominación de la propia elite originaria del país. Por otra parte, tampoco es probable que la nobleza egipcia quisiera sustituir una dominación extranjera por otra; en lo que respecta al común del pueblo, seguramente les sería indiferente una u otra.
 
Alejandro permanecería en Egipto unos cinco meses. Sus desplazamientos durante ese período dentro del país presentan algunas divergencias en las fuentes literarias primarias.
Quinto Curcio lo hace entrar por Pelusio, desplazarse hacia Menfis navegando por el Nilo, tras lo cual Alejandro habría acudido al oráculo de Amón en el oasis de Siwa; de aquí retornaría hasta el lago Mareotis, en la costa, donde fundaría Alejandría (Quinto Curcio, IV, 7-8).           Aunque Quinto Curcio no lo concreta, seguramente mientras se comenzaban las obras de la ciudad, Alejandro residiría en Menfis, capital por excelencia. En especial porque sabemos, nos lo dice el propio Curcio, que Alejandro no penetró en el interior del país.
 
Justino no relata itinerario alguno, limitándose a afirmar de forma genérica que Alejandro visitó el oráculo de Amón, y que fundó la ciudad de Alejandría (Justino XI, 11). En el mismo sentido se manifiesta Plutarco, que tan sólo informa de la fundación de Alejandría y de la visita al santuario de Amón en Siwa (Plutarco, 26-28).
 
Algo más preciso resulta Diodoro de Sicilia que escribe que “después de haber arreglado la Administración de Egipto, Alejandro fue a consultar al oráculo de Amón” y posteriormente fundaría Alejandría (Diodoro XVII; 49-52).
El relato más detallado nos lo ofrece Arriano (III, 1-3): desde Pelusio toma el Nilo hasta Heliópolis y de ahí cruza a Menfis. De esta ciudad se dirige hacia el Delta Occidental, hasta Canopo, llega al lago Mareotis y funda Alejandría entre esa masa de agua y el Mar Mediterráneo. Luego se desplaza por la costa hacia el Oeste, hasta llegar a la ciudad de Paretonio, desde donde vira 90º hacia el sur, y recorre el desierto hasta el oasis de Siwa. El regreso desde el oasis le ofrece a Arriano dos posibles vías, ambas fundamentadas en autores que el propio Arriano cita: una vía –según Aristóbulo- sería deshacer el camino ya andado en sentido inverso; la otra, -de acuerdo con Ptolomeo-, sería dirigirse directamente hacia Menfis, un camino mucho más corto que el anterior.  
La cuestión más dudosa, como puede comprobarse, es la de si fundó  Alejandría antes o después del oráculo. Probablemente Arriano es el más acertado al respecto. El itinerario Pelusio, Menfis, Canopo y Alejandría, sigue la ruta natural del brazo más oriental del Nilo (Pelusio-Menfis), primero,  y del brazo más occidental (Menfis-Canopo-Alejandría), a continuación. Era una decisión estratégica alcanzar cuanto antes la capital, Menfis, para poder hacerse con el control administrativo del país.
Desde el lago Mareotis, tras dejar iniciados los trabajos de urbanización de Alejandría, el recorrido más adecuado para alcanzar el oasis de Siwa estaba trazado por la costa, hasta la ciudad de Paretonio –en la actualidad Marsa Matruh- hacia el Este, desde donde penetraría hacia el interior en dirección al oasis.[1]  
La distancia recorrida desde el poblado de Racotis, junto al lago Mareotis, hasta Paretonio era de 300 km., y desde ese emplazamiento hasta  el oasis de Siwa otros 250 km. más. La primera parte de la travesía no supuso ningún problema, ya que seguía un camino bien trazado a lo largo de la costa del Mediterráneo. El segundo tramo, desde Paretonio hacia el interior, fue un periplo un poco más complicado.  
Las narraciones que podemos encontrar en las fuentes antiguas parecen estar describiendo un camino iniciático más que un itinerario real. Ciertamente, se trataba de cruzar una extensión de desierto considerable sin pistas señaladas. El grupo de macedonios sufrió sed y tuvo alguna dificultad para encontrar el camino hacia el oasis, pero diversas manifestaciones divinas les permitieron llegar hasta el templo de Amón sin mayores percances. Mientras el viento cubría los senderos y les llevaba a desviarse de la ruta alargando su viaje y provocando que se les agotaran las reservas de agua, una inesperada lluvia vino a suplir esa carencia, al tiempo que dos serpientes sibilantes –o unos cuervos, según las versiones- guiaron al grupo de expedicionarios (Quinto Curcio IV, 7; Arriano III, 2; Diodoro XVII, 49; Plutarco 26-27; Estrabón XVII,1, 43).
Estos prodigios -sobre los que volveremos-, servirán para llegar a una interpretación probable sobre las motivaciones que pudieron llevar a Alejandro a un lugar tan separado de las rutas más transitadas.  
La duración de cuatro días que nos ofrecen algunas fuentes (Quinto Curcio IV, 7; Diodoro XVII, 49) no parece improbable, a la vista de las naturales dificultades del camino y de la falta de senderos claros que llevaran desde Paretonio a Siwa.
¿Por qué Alejandro no tomó otro camino para dirigirse hacia Siwa? Desde Menfis podría haber alcanzado el oasis de Bahariya, y desde ese lugar encaminarse hacia el de Siwa. Ciertamente se trata de un itinerario algo más largo –en torno a 800 km.-, pero más conocido y con un oasis –el de Bahariya- en ese recorrido. La respuesta sencilla es que, cuando parte hacia Siwa, el macedonio se encontraba en la costa, en la zona del poblado de Racotis, donde fundaría Alejandría.  
Otra alternativa, encontrándose en el emplazamiento de la futura Alejandría, es la de atravesar el desierto en línea recta hasta Siwa, en lugar de dirigirse hacia Paretonio para girar a continuación hacia el sur. La dificultad estriba aquí en la Depresión de Qattara, que entorpecería más el avance.
Debemos concluir que desde el lago Mareotis, donde Alejandro se encontraba, la ruta más adecuada parece la que siguió el conquistador. Claro que esta afirmación no hace sino conducir la pregunta hacia otro punto: ¿qué hacía Alejandro Magno en ese lugar de la costa? No parece que un diminuto poblado como el de Racotis atrajese al ejército griego.  
Tratar de responder a esto supondría indagar en las intenciones del macedonio al fundar Alejandría precisamente en ese lugar, lo que nos llevaría fuera del objeto de este artículo. Aún así, no se puede dejar de pensar que si Alejandro se encontraba en esa zona es porque ya había decidido seguir la ruta de la costa hasta Paretonio para alcanzar más tarde el oasis de Siwa, es decir, que la resolución de visitar el oráculo de Amón en Siwa la habría adoptado con anterioridad, y la fundación de Alejandría en ese lugar respondería a que al pasar por allí habría pensado que sería un buen emplazamiento para un puerto con adecuadas comunicaciones con la Grecia continental e insular.
 
Sólo en otra ocasión anterior Alejandro se había desviado de la ruta que exigían los condicionantes estratégicos: en el caso de su visita a Troya. Esta reflexión nos ofrece otro argumento más para pensar que la visita a Siwa fue decidida por Alejandro con más anticipación de lo que a primera vista pudiera parecer. La Iliada era la obra de cabecera del macedonio, su admiración por Aquiles le conduciría a Troya. No hubo más motivos para esa visita.
 
Es probable que la visita al oráculo de Siwa estuviese íntimamente provocada por motivos muy similares. Lo trataremos más adelante.
 
Una de las consideraciones que también suelen esgrimirse para la elección de la ruta de Paretonio por Alejandro es la recepción de los embajadores procedentes de Cirene, que se dirigirían al encuentro del macedonio mientras se encontraba en las proximidades del lago Mareotis. Lane Fox (pag. 330) expone que Alejandro habría decidido acudir al oráculo de Amón en Siwa cuando recibió a los cirenaicos: les habría acompañado en dirección a Cirene, y al llegar a Paretonio les habría dejado para enfilar hacia Siwa. De esta manera Alejandro habría ido hacia el oeste no para ver al dios, sino para seguir a los enviados de Cirene y asegurar la frontera con Libia.
 
Esta explicación supone que Alejandro habría despedido a los embajadores en la ciudad de Paretonio y que, entonces, se dirigiría al sur a ver al dios. Desde luego se trata de una explicación posible, aunque nuevamente deja sin explicar qué hacía Alejandro en la zona del lago Mareotis. Por supuesto, cabe la posibilidad de que tuviera noticia de que una embajada de Cirene se dirigía hacia él, y que resolviera ir a su encuentro, aunque no se ve el motivo por el que habría de hacer algo así en lugar de esperar en Menfis, ya como faraón coronado. Por otro lado, una explicación como la expuesta convertiría la determinación de Alejandro en acudir al oráculo de Siwa en una simple ocurrencia mientras paseaba con los embajadores de Cirene por la costa mediterránea.
 
Asimismo, seguramente Alejandro conocería la existencia del oráculo de Amón en Siwa, ya que gozaba de prestigio entre los griegos, como se expondrá en el momento de analizar los motivos de la decisión del macedonio, por lo que resulta altamente improbable que la primera noticia que tuviera Alejandro fuera de boca de los embajadores cirenaicos.
 
En definitiva, el itinerario seguido por el recién estrenado conquistador de Egipto es un elemento que indica que, con bastante probabilidad, la determinación de visitar el oráculo de Amón en Siwa había sido tomada con bastante anterioridad y reflexión.

2.- EN EL OASIS DE SIWA. EL TEMPLO DE AMÓN 

El de Siwa es el más occidental de todos los oasis que fueron controlados por los faraones.[2]El emplazamiento de Siwa está situado algo por debajo del nivel del mar, en el borde occidental de la Depresión de Qattara. El perfil actual del oasis es muy similar al que encontramos descrito en las fuentes antiguas: una gran extensión de palmeras datileras con espacios para algunos otros cultivos, con pequeñas colinas o promontorios elevándose en algunos puntos, algunas lagunas o estanques y, por supuesto, el poblado.
 
“…el templo, situado en medio de extensos desiertos, está oculto por árboles que lo rodean por todas partes, y donde la frondosa sombra apenas deja un pasaje para los rayos del sol. Numerosas fuentes derraman, una al lado de la otra, sus aguas vivas, que nutren de humedad a los árboles. También la temperatura es admirable: es la suave tibieza de la primavera que reina durante todas las estaciones del año….en el centro del bosque se encuentra la población, rodeada de un triple muro. El primer recinto envuelve el palacio de sus antiguos gobernadores; en el segundo habitan sus mujeres con los niños y las concubinas; y por fin el oráculo del dios, protegido por guardias y soldados. Aún hay otra arboleda de Amón, en cuyo centro se encuentra una fuente, conocida como el agua del sol, ya que por la mañana se derrama tibia; al mediodía, cuando el calor es más fuerte, está fría; y al ocaso, se calienta, llegando a ebullición a medianoche…”(Quinto Curcio IV, 7).
Otras descripciones similares se pueden encontrar en Arriano (III,2), que añade que los sacerdotes del lugar obtienen sal natural, clara como el cristal, que transportan en cestas hasta las ciudades del Nilo, donde se reserva para las ceremonias religiosas, o en Diodoro de Sicilia (XVII, 50).

Originalmente el oasis de Siwa fue la patria de un dios local libio, tal vez emparentado de alguna manera con el Baal Hamón cartaginés (Lane Fox: 326). Aunque es este un territorio plenamente libio, no hay duda de que al menos doscientos años antes de la visita de Alejandro Magno los egipcios dominaban Siwa, que se encuentra a varias semanas de viaje del curso principal del Nilo.
En este oasis, además de gente de procedencia libia y egipcia, se encontraba un tercer grupo cultural, el de los griegos, que procedentes de la próxima ciudad de Cirene se habían asentado en Siwa (Lane Fox: 327). La combinación cultural egipcia y libia condujo a la identificación del dios libio de Siwa con el gran dios Amón de los egipcios; la aparición de los griegos produciría su asimilación con Zeus Olímpico, dando origen a Zeus-Amón. No se trataba de un dios nuevo, ni tampoco de una manifestación del sincretismo egipcio, sino que responde a una identificación propia de la cultura griega, que suponía que Amón en Egipto era en realidad el dios conocido como Zeus en Grecia.
La ciudad de Cirene, de estatus griego, elevaría un templo precisamente a Zeus-Amón, y desde este emplazamiento el culto de la divinidad se trasladaría a Grecia. Ejemplo de que el dios recibía atenciones en la misma Grecia continental es la presencia de un templo dedicado en El Pireo, puerto de Atenas, seguramente erigido y mantenido a expensas de los mercaderes, que lo conocerían por su comercio con Cirene (Lane Fox:328). También se levantaba otro, dedicado igualmente a Zeus-Amón, en la ciudad de Afitis (Afitide) en la Calcídica, construido en la segunda mitad del siglo IV a.C., que contaba con monedas que retrataban al dios de origen libio completo, con cuernos de carnero (Bosworth: 82).
El templo de Amón en el oasis de Siwa es en realidad, como muchos templos egipcios, un conjunto monumental compuesto al menos por dos templos, construidos el primero por el faraón Amasis en el siglo VI a.C. y otro más tardío promovido por el faraón Nectanebo II en el siglo IV a.C. Aunque ambas construcciones distan entre sí algo más de un kilómetro, parece que estaban unidas por una calzada. Cerca del segundo templo citado existe una piscina o laguna de aguas termales y de forma circular. Seguramente estos tres elementos, dos arquitectónicos y otro natural, constituían el complejo ceremonial de Amón.Resulta probable que las ceremonias oraculares se celebraran en alguna sala (ádyton) del primero de los templos, el edificado por Amasis. Como se explicará, el oráculo de Amón en este complejo templario gozaba de fama cuando Alejandro decidió visitarlo, por lo que podemos suponer que el oráculo tenía tras de sí una larga experiencia que se desarrollaría en el más antiguo de los dos templos. El segundo, el promovido por Nectanebo, todavía era un templo joven, ya que había sido construido entre diez y veinte años antes de la llegada de Alejandro, también era de dimensiones más reducidas.Por otro lado, no tenemos constancia de que ningún faraón hubiese recorrido nunca los 800 km. que separan Menfis de Siwa para acudir a este complejo templario, algo innecesario, realmente, ya que existían otros templos dedicados a Amón mucho más próximos o accesibles. Esta ausencia de visitas al oráculo de Amón en Siwa por los faraones que reinan entre Amasis y Alejandro Magno es otro elemento más para considerar extraordinaria la decisión del macedonio, ya que no contaba con precedentes en la tradición de los últimos monarcas egipcios.

Cuando Alejandro alcanzó el oasis, se encaminó a la que ahora se conoce como colina de Aghurmi que, con 25 mts. de altura, domina una amplia extensión del oasis, emplazamiento del templo de Amasis. Junto al templo una fuente sagrada derramaba su preciado líquido. Los restos muestran una estructura compuesta por tres cámaras comunicadas entre sí. Al sudoeste, al otro lado de un estanque natural, en un lugar conocido como Gebel Bayda, puede observarse un muro que perteneció al templo fundado por Nectanebo.

Como se ha comentado, el oráculo de Zeus-Amón residía en el templo de Amasis, mayor y de más antigüedad. Allí sería donde Alejandro Magno recibiría la respuesta del dios, un mensaje divino sobre el que sólo podemos especular por los pocos datos que tenemos, ya que el faraón macedonio no confesó –o al menos no existe constancia escrita- qué le reveló exactamente la divinidad.

3.- ANTE EL ORÁCULO DE ZEUS-AMÓN 

“Alejandro, admirado de la belleza del lugar, consultó al oráculo, del que recibió una respuesta favorable, y retornó a Egipto” (Arriano III, 2).

A pesar de este laconismo de Arriano, podemos extraer un primer elemento relevante, que comentaremos más extensamente cuando se aborde el estudio del contenido de la revelación del oráculo a Alejandro: el macedonio formula una pregunta al oráculo del dios, del que recibe una respuesta favorable. De aquí podemos inferir que Alejandro tenía en mente al menos una pregunta, si no más, muy determinada.

Otras narraciones de este momento ofrecen más sustancia sobre lo que pudo suceder en el templo de Amón en Siwa. Su estudio conjunto y comparado nos permite inferir dos contenidos en el oráculo:

            1º.- El reconocimiento de Alejandro como hijo del divino Zeus-Amón.

            2º.- El augurio de que se convertiría en señor de un gran imperio.

El primero de esos aspectos aparece generalmente descrito como el saludo que un sacerdote, el de más rango o edad, le ofrece a Alejandro cuando llega a las proximidades del templo (Quinto Curcio IV, 7; Justino XI, 11; Diodoro XVII, 51; Plutarco XXVII; Estrabón XVII, 1, 43). Aunque las palabras atribuidas al sacerdote no son exactamente las mismas, no cabe duda que se produce un reconocimiento de Alejandro como hijo del dios de ese templo, es decir, de Zeus-Amón, que le saluda en su condición de padre.

Asociado a este reconocimiento podemos encontrar en esos mismos textos una de las preguntas que Alejandro realiza al oráculo: si todos los asesinos de su padre Filipo habían recibido su justo castigo, esto es, si alguno de ellos había escapado al ajusticiamiento. La respuesta que le ofrece el oráculo es coherente con el reconocimiento de Alejandro como hijo de Amón: no es posible hablar del asesinato de su padre, ya que éste es Amón, y no Filipo. Aún así, se le aclara que los asesinos de Filipo han recibido ya su castigo.[3]

En alguno de estos textos aparece una información adicional, enormemente relevante para comprender los motivos que pudo tener Alejandro Magno para acudir al oráculo de Amón, y que no es otra que el macedonio ya tendría noticias de que era hijo del dios y no de Filipo. Veamos, como ejemplo, lo que Quinto Curcio y Justino escriben al respecto:
“Pero un vivo deseo se apoderó de Alejandro, el de ir al encuentro de Júpiter, que él creía o quería creer que era el autor de su nacimiento…” (Quinto Curcio IV, 7).

“...porque su madre Olimpia había confesado a Filipo que Alejandro no era su hijo, sino de una serpiente enorme; el mismo Filipo, pocos instantes antes de su fallecimiento, había declarado que Alejandro no era su hijo, y estas sospechas le habían llevado a repudiar a su esposa como convicta de adulterio…” (Justino XI, 11).

Resulta probable que Alejandro realmente creyese haber sido concebido mediante la intervención de la divinidad o, alternativamente, que propagase ese rumor con la intención de labrarse una reputación de invencible entre los hombres que componían su ejército.
Precisamente esa declaración de invencibilidad es la segunda de las manifestaciones del oráculo de Amón en Siwa, que no es sino la consecuencia apropiada de su filiación divina, y además con paternidad reconocida del mismo Zeus Olímpico, transmutado en Egipto en la primordial deidad que era Amón.

En los textos citados esta proclamación del oráculo se produce como consecuencia de una pregunta directa de Alejandro (Plutarco XXVII, Quinto Curcio IV, 7; Justino XI,11; Diodoro XVII, 51), sobre si su padre le concederá el dominio sobre los hombres, que recibe una respuesta afirmativa, reconociendo el poder de Alejandro sobre el universo conocido, al tiempo que le dice que, como hijo de Zeus-Amón, no será batido, que su vida será una sucesión de victorias.

No existe en estas declaraciones ninguna proclamación de inmortalidad, sino que se le reconoce el dominio y la victoria mientras su vida mortal se prolongue:

“…y añadió que sería invencible justo hasta el momento en el que fuera a ocupar su lugar entre los dioses” (Quinto Curcio IV,7).

Un dato relevante es que el ritual oracular se manifiesta en dos formas diferentes: mientras que el reconocimiento de su filiación divina es directamente proclamado por el sacerdote que actúa como voz del dios, la condición de invencible y dominador de todos los hombres la formula Zeus-Amón ante la directa pregunta del macedonio. Por tanto, lo más probable es que el saludo como hijo divino responda sencillamente a que Alejandro Magno ya ha sido proclamado faraón de Egipto y, como tal, es hijo de Amón; de aquí la salutación sacerdotal. Sin embargo, la verdadera consulta al oráculo llega después. De esta forma, los argumentos de que la visita al oráculo de Amón en Siwa responden a la necesidad de ser reconocido como hijo de Amón para poder ser proclamado faraón pierden solidez.
La ceremonia del oráculo.- Suele ponerse el acento en las diferencias entre la forma en que se emitían los oráculos en Grecia y en el país del Nilo. Sin embargo, las semejanzas entre ambos procesos son también notables.[4]

En el oráculo, el dios responde a una cuestión específica que se le plantea, es decir, requiere la formulación de una pregunta previa –a diferencia de una profecía-. Tanto los griegos como los egipcios utilizaban estos oráculos para resolver cuestiones prácticas, que podían ser la incertidumbre sobre el futuro, conflictos entre partes –en cuyo caso el oráculo suponía el equivalente a un arbitraje o decisión judicial-, o decantar una decisión sobre un aspecto concreto –casarse con una concreta persona, por ejemplo-.

 
Puede afirmarse que, con carácter general, los oráculos no eran emitidos verbalmente en Egipto, algo que resultaba común, sin embargo, en el de Delfos, sino que se transmitían con gestos y asentimientos.
La forma oracular más sencilla en Egipto consistía en que la persona que deseaba consultar al dios, podía formular su pregunta en voz alta delante de la imagen de la divinidad, escribirla –en papiro o en un fragmento de cerámica-, o contárselo primero al sacerdote que posteriormente lo repetía ante la barca que transportaba al dios. Esta consulta no se producía dentro del templo, al que los fieles no podían acceder, sino que debían esperar a que el dios saliera del santuario para realizar una procesión. La nave sagrada era levantada sobre los hombros de portadores que se movían en la dirección hacia donde supuestamente decidía el dios. Para una respuesta afirmativa, los costaleros se movían hacia delante, y a la inversa. Si la figura divina se balanceaba a un lado u otro, podía ser síntoma de enojo. Era el sacerdote el que interpretaba la voluntad divina y se la transmitía al consultante.
También se ha comprobado la existencia de un ritual muy similar en el que se depositaban las dos respuestas posibles (cuando lo que se requería del dios era una respuesta más complicada que un sí o un no), una a cada lado de la barca, y ésta se inclinaba del lado de la respuesta que el dios decidía que era la correcta.

Con el tiempo la práctica de los oráculos alcanzó tal popularidad que fue preciso permitir la consulta a los fieles sin que el dios saliera en procesión. En este caso se entregaban las consultas al sacerdote: una misma consulta con varias respuestas, cada una de ellas en un soporte diferente, y el sacerdote, al cabo de cierto período, que podía ser una noche completa, salía con la respuesta elegida. Resulta probable que estas funciones de oráculo se realizaran en el ádyton del templo, una sala aneja, próxima al santuario del dios (Chosson).
 Existen, además de los mencionados oráculos, otros textos egipcios que reciben también el nombre de oráculos, como es el llamado Oráculo de Tutmosis III. Esta inscripción del templo de Karnak se integra, en realidad, en un ritual de coronación, en el que el monarca es reconocido como hijo de Amón:
 “Él es mi padre (Amón), y yo soy su hijo. Cuando yo era un polluelo en su nido, Él decretó que mío era el trono…(Amón en su barca con costaleros)…recorría los dos lados de la sala hipóstila…Él me reconoció y se detuvo en varias ocasiones…he sido honrado con las coronas sobre mi cabeza…se me han proporcionado los poderes divinos…he sido investido con la sabiduría de los dioses…Mi dignidad divina se ha completado”.
 Desde luego esta ceremonia presenta algunos rasgos que pueden encontrarse en el reconocimiento de Alejandro como hijo divino por el sacerdote de Amón que lo recibe en Siwa, y también es manifiestamente coincidente con la insistencia en presentar al macedonio con la filiación divina y no con la humana de Filipo. Sin embargo, parece, como se ha escrito ya, que se trata de un saludo, de un reconocimiento de que Alejandro es hijo de Amón porque ya ha sido proclamado faraón en Menfis. Más adelante profundizaremos en esta posible lectura del viaje de Alejandro a Siwa. 

En las fuentes no queda claro si se siguió un procedimiento público o privado en el caso de Alejandro. Como ya hemos comentado, hay autores que parecen describir un ritual público, con la barca del dios manifestándose. Sin embargo, también parece insinuarse que hubo una ceremonia oracular privada a la que sólo asistió Alejandro, lo que impediría al resto de sus hombres enterarse de lo que allí sucedió.

La ceremonia de la barca del dios esperando en el exterior, sobre los hombros de los portadores (ochenta, dice Diodoro), seguida  y flanqueada por un numeroso grupo de mujeres que entonaban un cántico en honor a Amón, es descrita por Quinto Curcio (IV, 7), Diodoro de Sicilia (XVII, 50) y Estrabón (XVII, 1, 43). Cuando Alejandro llega ante el sacerdote de Amón, la nave divina ya está esperando fuera del templo, donde recibe al macedonio y se le saluda como hijo divino. Sin embargo, Estrabón, y Diodoro -de forma más diáfana este último-, señalan que Alejandro entró en el templo sin sus hombres, sólo con los sacerdotes, donde formularía su consulta y recibiría el oráculo.

Se daría fin al ritual con la presentación de ofrendas, tal y como refieren Plutarco, Diodoro y Quinto Curcio, lo que se corresponde con lo que sabemos de la celebración de estas ceremonias oraculares, en las que el particular obsequiaba al dios y al templo; por supuesto, en el caso de Alejandro estas ofrendas fueron magníficas, según señalan las citadas fuentes.

El acto de Alejandro ante Amón quedaría incompleto si no se hiciese referencia a una curiosa reflexión que encontramos en Justino (XI,11):

“Deseando atribuirse un origen inmortal…Alejandro se hizo preceder de emisarios encargados de corromper a los sacerdotes, y de dictarles por adelantado las respuestas que deseaba recibir: que a su entrada en el templo todos le proclamen hijo de Júpiter-Amón y, orgulloso de tan gloriosa adopción, el rey quiso que se creyese que era descendiente del señor de los dioses”.

Esta manipulación propuesta por el historiador romano no parece verosímil, ya que no necesitaba Alejandro desplazarse hasta tan lejos para manipular a los sacerdotes de Amón en este sentido. No obstante, la versión de Justino procura ya una desmitificación del macedonio.  

 
    
4.- ¿POR QUÉ SIWA? 

Hasta el momento se han descrito los acontecimientos relacionados con la expedición de Alejandro Magno al oráculo de Amón en el oasis de Siwa, que se desarrollaron durante la estancia de Alejandro en Egipto. Se ha señalado el posible itinerario, la descripción de los complejos templarios en el oasis, y la escena ante el oráculo. Sobre este conjunto hemos de reflexionar para tratar de encontrar los motivos que condujeron a Alejandro hasta ese remoto lugar del desierto líbico.
Alejandro Magno, Píndaro y Amón.- Ya hemos visto que fue seguramente por intermediación de los comerciantes griegos de Cirene cómo el dios Amón fue asimilado a Zeus Olímpico y cómo este culto alcanzó Grecia. Recordemos asimismo la existencia de libios, egipcios y griegos, en el oasis de Siwa, y el estatuto helénico de la costera ciudad de Paretonio. La ruta de propagación del culto a Zeus-Amón parece estar definida por el comercio griego.
El poeta Píndaro, tan admirado por Alejandro que cuando destruyó la ciudad de Tebas (Grecia) ordenó que se respetase la casa donde había vivido Píndaro, fue uno de los mejores propagadores de este culto en Grecia.

Podemos encontrar en él y en otros autores griegos posteriores -Apolodoro, Nicandro, Ovidio, Nigidio- (Silván 2002:156) elementos de mitología que enlazan la Hélade con Egipto.
Píndaro, en sus Píticas, recoge y desarrolla la historia de la lucha entre Tifón y Zeus, que acabará con la derrota del monstruo; es un combate entre el caos y el orden, en una indudable transposición griega de las cosmogonías egipcias. En la tradición posterior a Píndaro, el monstruo Tifón va a ser identificado con Set mientras que Zeus, además de convertirse en águila, cisne o toro, también lo hará en carnero, asumiendo así un diáfano avatar del dios egipcio Amón (Silván 2002). Además, existe otra sugerente inferencia dentro del mito de Tifón, monstruoso hijo de Hera que ésta entrega a la serpiente Pitón para que lo cuide mientras es un tierno bebé. La madre de Alejandro, la dama Olimpia, probablemente participaba de los cultos anteriores a la preeminencia de Apolo, donde tenía papel protagonista la serpiente Pitón. Fue precisamente Apolo el que da muerte a Pitón, aunque subsistieron partes del mito, ya que todos sabemos que las profetisas que emiten el oráculo en nombre de Apolo en Delfos, en realidad se llaman pitonisas en la mejor tradición de los cultos anteriores a los apolíneos. Ya hemos visto cómo en las fuentes antiguas se dejó constancia de que Filipo habría encontrado a Olimpia yaciendo con una enorme serpiente, de la que engendraría a Alejandro

Es Plutarco en su Vida de Alejandro (II-III) el que nuevamente nos ofrece una amplia información de esta historia:
“Todavía corre otra historia acerca de estas cosas, y es que todas las mujeres de aquel país, de tiempo muy antiguo, estaban iniciadas en los misterios órficos y en las orgías de Baco…. Pues ahora Olimpia, que imitaba más que las otras este fanatismo y las excedía en el entusiasmo de tales fiestas, llevaba en las asambleas báquicas unas serpientes grandes domesticadas por ella, las cuales, saliéndose muchas veces de la hiedra y de la zaranda mística, y enroscándose en los tirsos y en las coronas, asustaban a los concurrentes….. Dícese, sin embargo, que, habiendo enviado Filipo a Querón, el megalopolitano, a Delfos después del sueño, le trajo del dios un oráculo, por el que le prescribía que sacrificara a Amón y le venerara con especialidad entre los dioses; y es también fama que perdió un ojo por haber visto, aplicándose a una rendija de la puerta, que el dios se solazaba con su mujer en forma de dragón”.
Un dragón que no es otra cosa que la divinidad en forma de serpiente. Es el mito de Alejandro  como hijo de Zeus-Amón. Seguramente nos enfrentamos con un intento de refundir dos tradiciones religiosas distintas, la órfica o dionisíaca y la apolínea, y Alejandro sería el heredero de ambas.No sabemos en qué momento pudo extenderse esta versión de la filiación divina de Alejandro, pero probablemente el conquistador macedonio ya tenía conocimiento de este posible nacimiento extraordinario, que le pudo transmitir su madre, lo que debemos relacionar con la extensión del culto de Zeus-Amón en Grecia
Por lo tanto, cuando Alejandro llega a Egipto, se le presenta un dios, Zeus-Amón que no le resulta en absoluto desconocido; al contrario, puede que concibiese su relación con ese dios en términos padre-hijo. Plutarco se refiere a que, tras recibir el oráculo en Siwa, le escribió una carta a su madre en donde le informaba de ciertos vaticinios arcanos “que a ella sola revelaría a su retorno” (XVII). Esta misiva dirigida precisamente a Olimpia y la intimidad que delata el contenido, que sólo a ella puede hacerle partícipe de lo que el dios le ha revelado, permite pensar que guardaba relación con su filiación divina:           
 “De Olimpia refiere Eratóstenes que al despedir a Alejandro, con ocasión de marchar al ejército, le descubrió a él sólo el arcano de su nacimiento, y le encargó que se portara de un modo digno de su origen…” (Plutarco III).           
Además, la elección del oráculo en Siwa también parece responder a esta relación filial: mientras que en el resto de Egipto los templos pertenecían al dios Amón, en sentido estricto, el de Siwa representaba la mayor asimilación de ambos monarcas divinos, Zeus-Amón, el mismo dios del que hablaba Píndaro, el admirado poeta de Alejandro. Esta explicación también puede inferirse de Calístenes, que describía a Alejandro
“como hijo de Zeus (no de Amón) y, hacia finales de su reinado, tanto en palabras como en obras, Alejandro conmemoraba su paternidad divina. Había visitado Siwa para consultar a la deidad que, en cierto modo, consideraba su padre…”(Bosworth: 85). 
 Alejandro habría acudido a ese oráculo, el más griego de cuantos existían en Egipto posiblemente, porque quería que le confirmasen su condición divina. Una filiación divina al estilo de los dioses griegos, que tenían hijos con mujeres humanas; no al modo egipcio, no a la manera en que el faraón era hijo de Amón.  Alejandro, héroe homérico.- La admiración de Alejandro Magno por Homero queda de manifiesto en este pasaje de Plutarco (XXVI):“Habiéndosele presentado una cajita que pareció la cosa más preciosa y rara de todas a los que recibían las joyas y demás equipajes de Darío, preguntó a sus amigos qué sería lo más preciado y curioso que podría guardarse en ella. Respondieron unos una cosa y otros otra, y él dijo que en aquella caja iba a colocar y tener defendida La Ilíada, de lo que dan testimonio muchos escritores fidedignos”.
También será Homero el que se le aparezca en sueños, como un varón de cabello cano y venerable aspecto, para aconsejarle la fundación de la ciudad de Alejandría.
Sabemos, asimismo, que Alejandro se desplazó a Troya para reconocer el escenario de los acontecimientos que describe La Ilíada: 

“Subió a Ilión e hizo un sacrificio a Atenea, así como libaciones a los héroes. En la tumba de Aquiles, tras ungirse de aceite y correr desnudo junto con sus compañeros, como es su costumbre, depositó coronas, llamándolo bienaventurado, porque en vida tuvo un amigo leal y tras su muerte un gran heraldo de su gloria” (Plutarco XV).      
     
El ideal de héroe homérico estaba implantado en Alejandro desde su infancia:“…y el que tenía todo el aire y aparato de ayo era Lisímaco, natural de Acarnania; el cual, a pesar de que consistía toda su crianza en darse a sí mismo el nombre de Fénix, a Alejandro el de Aquiles y a Filipo el de Peleo…” (Plutarco V).   

Deseaba ser tratado como un nuevo Aquiles, y que un Homero propio cantase sus gestas. Alejandro se comportará en muchas ocasiones tomando como referencia a Aquiles: trata con gran respeto y delicadeza a las mujeres de la familia de Darío cuando son capturadas o realiza un gran homenaje a Hefestión tras su muerte (como Aquiles con Pratoclo).
De la misma manera que Aquiles era casi invencible, en parte divino, también Alejandro necesitaba que se garantizara su pertenencia a ese mundo homérico. La visita al oráculo de Siwa formaba parte de esta pretensión, necesitaba aclarar sus orígenes, que se le reconociera como uno de aquellos hombres que conquistaron Troya .La estirpe de Alejandro.- Filipo, el padre biológicamente humano de Alejandro Magno, se contaba entre los descendientes de uno de los más populares héroes y semidioses de la mitología griega, Hércules. La estirpe real macedonia se conocía como Casa de los Heraclidas, ya que se proclamaban descendientes de Témeno de Árgos que, a su vez, lo era de Hércules, según la tradición. Este semidios acudió durante su vida en este mundo al oráculo de Amón en Siwa, precisamente, según nos informa Arriano (III, 2):
 "…Alejandro fue poseído por el ardiente deseo de visitar Amón, en Libia, en parte con el fin de consultar al dios, del que se decía que era infalible. Perseo y Hércules lo habían consultado, el primero cuando fue enviado por Polidectes contra la Gorgona; el segundo cuando fue contra Anteo en Libia y contra Busiris en Egipto. Alejandro deseaba emular la gloria de estos héroes, de los que era descendiente. Dedujo también que su linaje se remontaba a Amón, tal como las leyendas remontaban el de Perseo y Hércules a Zeus. Por lo tanto emprendió una expedición a Amón con el propósito de conocer con mayor certeza su propio origen, o al menos para decir que lo había conocido."

Estrechamente emparentado con el argumento anterior, donde hemos visto la admiración que Alejandro sentía por el mundo de los héroes homéricos, encontramos a Hércules y Perseo.
La emulación de la visita de Hércules al oráculo de Zeus-Amón en Siwa  pudo entrar en los cálculos de Alejandro. Sería este otro motivo que podría haber llevado los pasos del macedonio precisamente hasta este oráculo. Por otro lado, no olvidemos que Hércules es hijo de Zeus, reconocimiento que se produce en la persona de Alejandro Magno cuando llega ante el mismo oráculo. Serían, así, dos hijos del señor de los dioses –griegos, no perdamos de vista este extremo-, que además pertenecen al mismo linaje, que acuden al oráculo de su padre.  En consecuencia, la pertenencia a la Casa de los Heraclidas, sumado al espíritu de inspiración homérica de Alejandro, pudo contribuir a la elección del oasis de Siwa. Más difícil resulta hilvanar la mención a Perseo que realiza Flavio Arriano. Desde luego es indudable que se trata  de otro de los grandes héroes de las historias griegas, y que también es hijo de Zeus. Pero este último elemento no parece muy significativo en este caso, ya que el señor de los dioses griegos engendró un elevado número de hijos en mujeres mortales. Resultaría necesario relacionar a Perseo con Alejandro Magno de alguna otra manera. El texto de Arriano posiblemente esté siguiendo de cerca al de Calístenes –el historiador personal de Alejandro Magno-, que escribiría el acontecimiento de Siwa cuando ya Alejandro había derrotado definitivamente a Darío y se ha convertido en señor de los persas. Entre los griegos existía la creencia, por una mera cuestión de similitud fonética, que los persas descendían de Perseo. De esta forma, cuando Alejandro pretende la integración de ambas comunidades, la de persas y la de los griegos, Perseo pudo servir de inspiración, un símbolo de integración de ambas culturas. Ahora bien, resulta, entonces, improbable que el monarca macedonio estuviese pensando en Perseo como héroe común a persas y griegos cuando decidió emprender el camino de Siwa (Lane Fox: 324-325).[5] 
No puede dejar de llamar la atención también la afirmación de Arriano –al final de la cita anterior- sobre que la expedición de Alejandro tenía el propósito de conocer con mayor certeza sus propios orígenes. Es una tesis que, como vemos desde diferentes ángulos, parece venir confirmada por todos los elementos extraordinarios que se contaban sobre el nacimiento y el destino de Alejandro.   La legitimación sucesoria, Alejandro Magno, faraón de Egipto.- La proclamación de Alejandro como faraón de Egipto no aparece reflejada en las fuentes clásicas. La primera mención la encontramos en el Pseudocalístenes (s. III d.C.), si bien no ofrece la menor duda, ya que contamos con las inscripciones de los templos egipcios, donde el nombre de Alejandro Magno se muestra rodeado por el cartucho que correspondía a los monarcas del País del Nilo.[6]   No obstante, existen algunos indicios que permiten conjeturar que la coronación tuvo lugar antes del viaje a Siwa. Quinto Curcio nos informa de que

“después de haber regulado todo sin cambiar nada las costumbres nacionales de los egipcios, formó el proyecto de ir a visitar el oráculo de Júpiter Amón” (Quinto Curcio, IV, 7).
Esta frase nos pone sobre la pista de que Alejandro no quiso perturbar las habituales prácticas del país; si a esto añadimos que introdujo, posteriormente, el ceremonial persa relacionado con la realeza, debemos concluir que Alejandro intentaba adaptarse a las diferentes costumbres para ser aceptado como monarca en todas las partes del territorio conquistado. Probablemente, por tanto, se sujetó al ritual de proclamación como faraón.

Diodoro incide en la misma línea:
 “después de haber organizado la administración de Egipto, Alejandro fue a consultar al oráculo de Amón” (XVII, 49).
Parece lógico pensar que Alejandro tomaría disposiciones organizativas sobre la administración del país y sus finanzas después de haber sido proclamado faraón. Estas disposiciones las toma antes de ir a ver al oráculo. Por tanto, si seguimos el itinerario de Arriano, Alejandro estaría en Menfis, algo lógico, ya que era la capital.
Otro elemento a considerar es que cuando va al encuentro del oráculo de Amón en Siwa, los sacerdotes le reconocen como hijo divino de Zeus, es decir, consagrado por Amón. Para este reconocimiento Alejandro ya tenía que ser faraón. Desde luego podría considerarse que precisamente acude a Siwa para ser proclamado monarca de Egipto, pero el desarrollo de los acontecimientos ante el oráculo permite descartar esta posibilidad. Por otra parte, el lugar más apropiado para la coronación era Menfis, localidad a donde llega Alejandro poco después de atravesar las fronteras de Egipto.
En cuanto a la posible comparación con el llamado oráculo de Tutmosis III, del que ya hemos hablado, debemos recordar que en el caso del tutmósida nos encontramos ante una parte de la ceremonia de coronación. Si algo así se hubiera producido en Siwa las fuentes primarias lo hubieran expuesto con claridad. No existen elementos suficientes que permitan considerar que hubo tal ritual de proclamación sucesoria en el templo de Zeus-Amón en Siwa.

Lo más probable, por todo lo expuesto, es que Alejandro fuera ya faraón cuando llega a Siwa. Su visita a este oráculo no tiene que ver con un intento de legitimación sucesoria como faraón, puesto que el sacerdote le recibe con el saludo de hijo de Amón o de Zeus-Amón; es un reconocimiento de su dignidad real.[7]

Hijo de Nectanebo II.- Cercanamente vinculada a la legitimación sucesoria se encuentra la tradición que atribuye la paternidad de Alejandro al último monarca indígena que ocupó el trono de los faraones, Nectanebo II, referencia que encontramos recogida por vez primera en el Pseudocalístenes:
“Que se engañan los muchos que afirman que fue hijo del rey Filipo, pues eso no es verdad. No era hijo de aquél, sino de Nectanebo, como dicen los más sabios de los egipcios, quien lo engendró después de haber perdido su dignidad regia.” 

Según esta obra –recordemos que su primera versión está datada en el siglo III de nuestra era-, el faraón Nectanebo huye ante el ejército persa, pero no sin dejar tras de sí el vaticinio de que el rey que ha huido de Egipto regresará rejuvenecido y librará a Egipto del dominio persa. Nectanebo, entre tanto, encontraría asilo en la corte de Macedonia, donde adquiriría fama de mago y adivino. Protegido de la reina Olimpia, la somete a un embrujo, convenciéndola de que ella ha de unirse al dios Amón, por lo que el destronado faraón egipcio se disfraza con los cuernos del dios, y de esta unión engendra a Alejandro.

“Cuando, sentada al anochecer en tu dormitorio, veas una serpiente deslizarse hacia ti, ordena a todos que salgan. Y no apagues las luces de las lamparillas que yo te doy ahora y que he preparado para arder en honor del dios según mi ciencia, sino échate sobre tu lecho y observa sólo a través del velo al dios que ya viste en sueños acudir a ti.”
El círculo mágico se cerrará cuando el conquistador macedonio alcance el título de faraón de Egipto, legitimado por ser hijo del último monarca indígena antes de la dominación aqueménida.

En esta narración el conocimiento de sus verdaderos orígenes no queda oculto al joven Alejandro, ya que, en el momento anterior a fallecer, Nectanebo le confesaría su paternidad, con lo que Alejandro entraría en Egipto a reclamar su herencia.

Nos encontramos ante una obra de ficción, redactada seis siglos después de Alejandro, cuando la figura del macedonio había conquistado también la mente de los hombres, convirtiéndose en lo que él deseaba, un héroe mítico. No hay elementos siquiera indiciarios que permitan suponer que esta leyenda existía cuando Alejandro estaba vivo. Ninguna de las fuentes más antiguas recoge este nacimiento, ni tampoco en las inscripciones egipcias sobre Alejandro consta su filiación humana con Nectanebo.

La tumba de Alejandro en Siwa.- Mientras Nectanebo es enterrado en Macedonia, según el Pseudocalístenes, más verosímil resulta la información que nos ofrecen las fuentes más antiguas y fidedignas sobre la vida de Alejandro (Plutarco LXXVI; Diodoro XVII,XVIII) de que el deseo del macedonio había sido el de que su cuerpo descansara en Siwa.
           
“En Babilonia, los egipcios lo embalsamaron para la posteridad y…hicieron correr la voz de que el deseo del moribundo había sido ser enterrado en Siwa…” (Lane Fox: 765).
También se sopesó la posibilidad de celebrar un funeral en Siwa. Sea como fuere, parece ser que el cuerpo de Alejandro acabó en Egipto, trasladado por Ptolomeo, pero en lugar de llevarlo al oasis, recalaría primero en Menfis y más tarde en Alejandría, donde lo vieron incluso algunos emperadores romanos.
 
En la actualidad la tumba de Alejandro Magno sigue sin ser localizada. Aunque lo más probable es que se encuentre en Alejandría, algunos investigadores siguen apostando por el oasis de Siwa.[8]

En lo que interesa a este artículo, el tratamiento del cadáver por egipcios, según las fórmulas tradicionales del país, y el rumor de que pudo haber sido Siwa la última morada de Alejandro, ofrecen un gran interés sobre los sentimientos del macedonio al respecto de la trascendencia que pudo concederle a la revelación allí obtenida.
           
Donde Cambises fracasa, Alejandro triunfa.- Los persas sufrieron, según narra Herodoto, la pérdida de un ejército cuando Cambises lo envió a destruir a los amonios, es decir, a los habitantes de la zona, que habían adoptado el gentilicio derivado del dios Amón, por la importancia que había adquirido el templo en ese lugar.
“Vengado ya Cambises de su difunto enemigo, formó el designio de emprender a un tiempo mismo tres expediciones militares, una contra los carchedonios o cartagineses, otra contra los Amonios, y la tercera contra los etíopes macrobios, pueblos que habitan en la Libia sobre las costas del mar meridional ...Cuando estuvo ya de camino, dispuso que un cuerpo de 50.000 hombres, destacado del ejército, partiera hacia los amonios, que al llegar allí los trataran como a esclavos, y pusiesen fuego al oráculo de Zeus-Amón…” (Herodoto III, 17- 25)…
El ejército aqueménida tuvo que atravesar un desierto especialmente peligroso, hasta tal punto que todo el ejército despareció sin dejar rastro, completamente engullido por las tormentas de arena. La descripción que encontramos en el viaje de Alejandro Magno hasta el templo de Amón en el oasis de Siwa será similar, pero allí donde el persa sucumbió, el macedonio, divino como era, emergerá triunfante.
“De las tropas que fueron destacadas contra los amonios, lo que de cierto se sabe es que partieron de Tebas y fueron conducidas por sus guías hasta la ciudad de Oasis, colonia habitada, según se dice, por los samios de la Fila Escrionia, distante de Tebas siete jornadas, siempre por arenales, y situada en una región a la cual llaman los griegos en su idioma Isla de los Bienaventurados. Hasta este paraje es fama general que llegó aquel cuerpo de ejército; pero lo que después le sucedió ninguno lo sabe, excepto los amonios o los que de ellos lo oyeron: lo cierto es que dicha tropa ni llegó a los amonios, ni dio atrás la vuelta desde Oasis. Cuentan los amonios que, salidos de allí los soldados, fueron avanzando hacia su país por los arenales; llegando ya a la mitad del camino que hay entre su ciudad y la referida Oasis, prepararon su comida, la cual tomada, se levantó luego un viento Noto tan vehemente e impetuoso, que levantando la arena y remolinándola en varios montones, los sepultó vivos a todos aquella tempestad, con que el ejército desapareció; así es al menos como nos lo refieren los amonios” (Herodoto III, 26)

.Este cuerpo de ejército persa partió de Tebas, según el historiador griego, y alcanzó una ciudad llamada “Oasis”, que puede ser identificada con el oasis de Kharga o con el de Dakhla, seguramente, por la distancia de siete días a que se refiere la narración, y por ser esta la ruta más adecuada desde Tebas para una columna que no es transportada por el Nilo. Sin embargo, los persas no alcanzaron Siwa, identificado con el país de los adoradores de Amón, ni tampoco retornaron. El desierto protegió el santuario de Amón contra un invasor que no fue reconocido como legítimo faraón. Al contrario, Alejandro cuenta con el apoyo divino, ya que, como hemos visto, no sólo no le pone obstáculos sino que, cuando estos surgen de forma natural, acude en su ayuda para encontrar el camino del santuario:

“Desde allí se dirigió hacia el templo de Amón, a través del desierto y de las ardientes arenas de Libia…Cuando el viento del mediodía sopla en esta zona, se eleva una tal cantidad de arena que hace desaparecer cualquier rastro de camino. Entonces estos llanos ofrecen el aspecto de un inmenso océano, sin árboles ni altura alguna que permita orientarse, nada indica la ruta a seguir…Alejandro y los suyos se encontraban en esta situación cuando…dos serpientes silbaron y precedieron al ejército. Alejandro aceptó el augurio y ordenó seguir la huella que dirigió su marcha hacia el templo…” (Arriano III, 2).[9]
El contraste en ambas narraciones es suficientemente significativo. Frente al usurpador persa, Alejandro es reconocido por Zeus-Amón, que dirige sus pasos y le legitima en el trono egipcio.
Resulta improbable que el macedonio decidiese dirigirse al oráculo de Siwa para salir airoso donde Cambises había sido batido, o al menos su ejército; con seguridad fueron otras las motivaciones, pero es más posible que Alejandro fuese consciente cuando viajaba hacia el santuario de que alcanzarlo le convertía en un faraón legitimado, a diferencia del monarca persa.           

La fama del oráculo de Amón en Siwa.- Anteriormente hemos visto como el templo del oráculo de Amón fue construido por el faraón Amasis, en el siglo VI a.C. También se ha incidido en la relación entre este oráculo y la ciudad griega de Cirene. El origen de este oráculo no podemos saber a cuándo se remonta, incluso si es anterior en el tiempo a la edificación del citado templo, pero conocemos, gracias a Herodoto, que en el siglo V a.C. el oráculo de Zeus-Amón en el oasis de Siwa gozaba ya de gran prestigio.           

El historiador griego cita con profusión a los “amonios”, habitantes de la zona entre Egipto y Libia, que habrían recibido ese nombre derivado del dios Amón (Herodoto II, 42). También explica cómo se formó este oráculo:

El origen de este oráculo y de otro que existe en Libia lo refieren del siguiente modo los egipcios: decíanme los sacerdotes de Zeus Tebaido que desaparecieron de Tebas dos mujeres religiosas robadas por los fenicios, y que según posteriormente se divulgó, vendidas la una en Libia y en Grecia la otra, introdujeron entre estas naciones y establecieron los oráculos referidos…Esto fue lo que oí en Tebas de boca de los sacerdotes; he aquí lo que dicen sobre el mismo caso las Promántidas Dodoneas. Escapáronse por los aires desde Tebas de Egipto dos palomas negras, de las cuales la una llegó a Libia y la otra a Dodona, y posada esta última en un haya les dijo, en voz humana, ser cosa precisa y prevenida por los hados que existiese un oráculo de Zeus en aquel sitio…. De la otra paloma que aportó a Libia, cuentan que ordenó establecer allí el oráculo de Amon, erigiendo por esto los libios a Zeus un oráculo semejante al de Dodona (Herodoto II, 54, 55).
Para el historiador griego la importancia de este oráculo queda patente no sólo por lo dicho, sino porque, según él, el origen de la práctica adivinatoria oracular es precisamente egipcio, y de allí pasaría a Grecia:
Parecidos son en verdad entrambos oráculos, el de Dodona y el de Tebas en Egipto, siendo notorio, además, que el arte de adivinar en los templos nos ha venido de este reino. Indudable es asimismo que entre los egipcios, maestros en este punto de los griegos, empezaron las procesiones, los concursos festivos, las ofrendas religiosas, siendo de ello para mí evidente testimonio que tales fiestas, recientes entre los griegos, no parecen sino muy antiguas en Egipto (Herodoto II, 58).
El prestigio de este santuario de Amón alcanza también a otros habitantes de la zona, en este caso por el lado oeste, procedentes de Cirene:
“No obstante, oí de boca de algunos cireneos que yendo en romería al oráculo de Amon, habían entrado en un largo discurso con Etearco, rey de los amonios, y que viniendo por fin a recaer la conversación sobre el Nilo…” (Herodoto II, 32).

Cuando Alejandro Magno llega a Egipto, el oráculo de Siwa ya hacía al menos dos siglos que gozaba de gran prestigio entre los griegos, como refleja tanto Herodoto como el culto que se le prestó en la propia Grecia, tal y como hemos visto, llegando a tener incluso un templo en el puerto de Atenas.[10]

Sin embargo, en el cambio de era, nos encontramos con que Estrabón refleja la decadencia del otrora prestigioso oráculo:

“Hemos tenido ya ocasión de hablar ampliamente de Amón, y si lo traigo a colación ahora es únicamente para hacer constar que el arte de la adivinación en general y de los oráculos en particular gozaban antiguamente de un prestigio del que carecen en el presente…De ahí este abandono casi completo en el que se ha dejado el mismo oráculo de Amón, tan venerado, sin embargo, en otro tiempo…” (Estrabón XVII,1, 43).

Para Alejandro, con una educación griega, el oráculo de Amón en Siwa era en realidad un oráculo de Zeus, un dios plenamente griego. Súmese, además, que en Egipto esta asimilación entre Zeus y Amón era intensa y manifiesta en este lugar, y no en cualesquiera otros templos del dios egipcio Amón.


COLOFÓN 

Resulta complicado hacer suposiciones sobre las motivaciones que llevaron a Alejandro Magno al oráculo de Amón precisamente en el oasis de Siwa. Seguramente no estuvo animado por una única causa.
Sin embargo, parece que la visita al oráculo en Siwa no tuvo que ver con la necesidad de legitimación sucesoria como faraón de Egipto. Cuando Alejandro decide visitar el oráculo muy probablemente ya había sido coronado y se le reconocía como el faraón legítimo. El itinerario, una vez cruzadas las fronteras de Egipto, según las distintas fuentes analizadas así lo permiten suponer, le llevó por Menfis, antes de ir al lugar donde fundaría Alejandría, y posteriormente a Siwa. Su estancia en Menfis era el momento ideal para esa proclamación como monarca de Egipto. La escena que describe la llegada de Alejandro ante el templo del oráculo también se inclina hacia esta suposición, ya que el sacerdote le saluda como faraón, por lo que hay un reconocimiento pero no una proclamación.
Con una elevada probabilidad, Alejandro acudió al oráculo de Siwa por su naturaleza de griego, y no por la condición de faraón. El oráculo ante el que se presenta Alejandro es el de Zeus, transmutado allí en una de sus manifestaciones, la de Amón, una de tantas que podía asumir el señor del Olimpo. El oráculo de Siwa gozaba ya de gran tradición en el mundo griego, pero no por serlo de Amón, dios egipcio, sino de Zeus en su manifestación como Amón, es decir, un dios griego.
Los orígenes de Alejandro también pudieron influir en su decisión, en especial por la relación que tenía con su madre, Olimpia, y las leyendas sobre su paternidad divina. A lo que se suma el linaje paterno, procedente de los Heráclidas.
Su educación y su propia personalidad eran profundamente griegas. La admiración por la Ilíada y por Aquiles era evidente. Su necesidad de contarse entre los héroes griegos y que un nuevo Homero lo narrase para la posteridad también se revela con notable claridad a lo largo de su vida.
Por esto, cuando se encuentra ante el oráculo, aunque se le saluda como faraón, lo que desea saber Alejandro es su origen y su destino, algo muy alejado de un ritual de coronación o de legitimación sucesoria.
Cuando Alejandro acude al oráculo de Zeus-Amón en el oasis de Siwa, casi con total seguridad lo hace como griego, ante un dios griego y con sus esperanzas puestas en ser un nuevo Aquiles. Y aunque no tuvo un rapsoda que cantase sus gestas, no cabe duda que Alejandro fue, o se aproximó mucho, un héroe homérico, que bebió de la copa de la vida, fue admirado y murió joven, en un apogeo semidivino.

BIBLIOGRAFÍA 

-Bertinetti, Marcelo (2010): “Egipto desde el aire”, Ediciones Librería Universitaria de Barcelona.
-Bosworth, A. Brian (2005): “Alejandro Magno”, Ed. Akal. 
-Chosson, Michaël (2004): “La consultation des oracles en Egypte, du Nouvel Empire a l’epoque chrétienne”, Université de Marne-la-Vallée.
-Kontes, Zoë Sophia: “The Dating of the Coinage of Alexander the Great”, Ed. Joukowsky Institute and of the Center for Old World Archaeology and Art. Online Publications, sin fecha. 
-Lane Fox, Robin (2007): “Alejandro Magno, conquistador del mundo”, Ed. Acantilado.
-Martín Hernández, Mercedes (2001): “La realidad urbana griega en el Egipto Tolemaico: propuesta de criterios de definición”, ARYS Antigüedad: religiones y sociedades, Universidad de Huelva.
-Saunders, Nicholas J. (2007): “Alejandro Magno, el destino final de un héroe”, Ed. Planeta (Zenith).
-Silván Rodríguez, Alfonso (2002): “El mito de Tifón y su recepción en Píndaro”, Cuadernos de Filología Clásica: estudios griegos e indoeuropeos, vol. 12, Universidad Complutense de Madrid.
-Souvlatzi, Liana (2002): “The tomb of Alexander the Great at the Siwa Oasis. The History of the Archaeological Excavation and Its Political Background”, Ed. Georgiadis.


FUENTES DOCUMENTALES ANTIGUAS 

-Arriano, Lucio Flavio (siglo II d.C.), Anábasis de Alejandro.
-Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.), Biblioteca Histórica.
-Estrabón (siglos I a.C.- I d.C.), Geografía.
-Herodoto (siglo V a.C.), Los nueve libros de la Historia
-Justino, Marco Juniano (siglo II d.C.), Historia (Epítome de la historia de Pompeyo Trogo).
-Plutarco (siglo I d.C.), Vida de Alejandro (Vidas paralelas).
-PseudoCalístenes (siglo III d.C.), Vida de Alejandro.
-Quinto Curcio Rufo (siglo I d.C.), Historia de Alejandro Magno.

      

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Oasis de EgiptoFuente: http://www.youregypt.com/eguide/destinations/oasis/Copyright © 2009 Your Egypt   oasis_siwa_mapa.gif        
Mapa del oasis de Siwa
Fuente: http://www.egypt.travel/Copyright © 2009 Egyptian Tourist Authority

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Oasis de Siwa con la colina de Aghurmi

Fuente: http://www.panoramio.com/photo/5272011© por ursonroute66        

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Moneda donde se representa a Alejandro Magno con los cuernos que se atribuyen a Amón

Fuente: http://www.menudaeslahistoria.com/alejandro-magno-en-las-monedas/       

 

 

 

               


[1] La información sobre Paretonio es escasa. Seguramente se trata de una ciudad con status griego, si bien no alcanzaría la condición de polis (Martín Hernández 2001). Resulta relevante esta condición griega de la ciudad, puesto que, como se verá más adelante, fue una fuente de primera magnitud para la integración de Zeus con Amón y su exportación a la madre Grecia.

 

[2] Los otros oasis, de norte a sur, son: Bahariya, Farafra, Dakhla y Kharga, a los que debe sumarse el de El Fayum, el que se sitúa más al norte –a algo más de cien kilómetros al sudoeste de El Cairo-, que, a diferencia de los otros citados, está bañado por las aguas de un caudaloso ramal del Nilo conocido como Bahr Yusuf.

 

[3] Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro, fue asesinado por un noble de su corte, Pausanias, el día en que se celebraban las nupcias de Alejandro, rey del Épiro, con Cleopatra, hija de Filipo y de Olimpia -el novio era hermano de Olimpia, y tío de la novia, por lo tanto; por otra parte, Olimpia estaba refugiada en el Épiro, ya que había caído en desgracia con Filipo-. Aunque Pausanias fue muerto de forma inmediata, la cuestión era conocer si existía una conspiración y, en caso afirmativo, quiénes la  promovieron. De aquí la pregunta de Alejandro al oráculo sobre si todos los asesinos de Filipo habían sido ajusticiados.

 

[4] Las similitudes facilitaron la asimilación de las consultas egipcias y las griegas cuando Egipto se encontraba bajo la dinastía ptolemaica, e incluso antes de ese momento, con los comerciantes griegos . Hay constancia de que acudía a los oráculos tanto población griega como egipcia indistintamente (Chosson).

 

[5] Flavio Arriano puede estar siguiendo a Calístenes por mediación de Estrabón, que ofrece una información muy similar: “Tal es el caso, por ejemplo, de Calístenes, cuando dice que fue principalmente por un sentimiento de ambiciosa emulación, ya que él había estudiado que Perseo y Hércules habían llegado ante él, por lo que Alejandro quiso penetrar hasta el oráculo de Amón…” (Estrabón XVII, 1, 43).

 

[6] También el estudio de las monedas que se acuñaron con la efigie de Alejandro Magno es significativo; las monedas muestran un programa iconográfico de enaltecimiento de un Alejandro humano con rasgos divinos. Tal es el caso de aquellas en las que se representa tocado con una piel de león, iconografía que lo une con Hércules; o el de otra que muestra la parte delantera de un elefante (como vencedor en la India);o, por lo que aquí nos interesa, con los cuernos típicos del dios Amón. Todo este programa destila sabor griego; Alejandro se muestra tocado por la divinidad allí donde va.

 

[7] Una curiosa reflexión puede encontrarse en Plutarco (XXVII) sobre los aspectos divinos que se pueden encontrar en la humanidad:”…habiendo oído en Egipto al filósofo Psamón, lo que aprendió de él es que la humanidad es regida por dios, a causa de que parte de cada hombre es divina, y que él opinaba aún más filosóficamente de estas cuestiones diciendo que dios es padre común de los hombres, pero que acoge especialmente a los mejores de entre ellos”. La intención de Plutarco tal vez sea aquí poner en boca de Alejandro que aunque todos los hombres tienen componentes divinos, sólo algunos son los elegidos especialmente. Por supuesto, entre estos últimos se encontraba Alejandro.

 
[8] Souvlatzi, Liana (2002): “The tomb of Alexander the Great at the Siwa Oasis…”. Vid. Bibliografía. 
[9] Ya hemos visto que otros autores se refieren a cuervos en lugar se serpientes: Quinto Curcio IV, 7; Diodoro XVII, 49; Plutarco 26-27; Estrabón XVII,1,43. 

[10] Según Bosworth (pag.82), el dios Zeus-Amón y su culto eran familiares en el mundo griego y el santuario de Siwa lugar de peregrinación desde el siglo V a.C.

   
Modificado el ( sábado, 23 de abril de 2011 )
 
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